Echó una vez fuego por la boca y acertó: calcinó al City, se elevó sobre las cenizas.
No contra el City, que jamás creyó, que jamás se acercó al área del Madrid con la confianza del vecino que trae una tarta envenenada.
Definió el partido: el Madrid siéndolo sin querer, de forma involuntaria, como el escorpión que se ofrece a cruzar la charca a un sapo; ganó por naturaleza.
El Madrid entregándose a la enorme pared blanca del Santiago Bernabéu, que antes del partido se desparramó como nunca por el río esperando a Bale como a Moisés.
Esa fue la mejor noticia: que el Madrid ganó a ciegas.
Fuente: http://deportes.elpais.com/deportes/2016/05/04/champions/1462396229_490142.html
