Por mucho que retome brevemente el papel que lanzó su carrera, la Pamela Anderson de 2016 está indudablemente en otro lugar.
En menos de lo que duraba esa escena, Pamela Anderson se convirtió tanto en objeto de deseo para toda una generación como en icono pop curvilíneo.
También, dedicar buena parte del día a escribir —»creo que soy una escritora frustrada», apunta— y leer.
Desde su punto más zen, la Pamela actual es capaz de ver la vida sin dolor ni rencor.
Lejos de Malibú, y de Los Ángeles, a la que define como «una ciudad llena de gente hambrienta de fama.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/06/tentaciones/1465216653_706497.html
