Hablé con Knézevic y con el ínclito filipino Florencio Campomanes (1927-2010), presidente de la Federación Internacional de Ajedrez.
Era un agente del KGB, con la misión de apostarse en mi ventana hasta el final del desfile.
Mi estreno en EL PAÍS fue ser enviado especial en Moscú para el segundo duelo Kárpov-Kaspárov (1985).
Pero su publicación no gustó nada en la Embajada de la URSS en Madrid.
La respuesta que me dio Arkangelski no podía ser mejor: “Me declaro incompetente en el asunto del señor Knézevic”.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/08/10/actualidad/1470854478_076701.html
