Pero él no sólo respondió a semejantes reveses dedicándose al trabajo social en la ladera de Cali, sino perdonando a los victimarios porque le parecieron las víctimas.
De acuerdo: es un peligro dejar la política en manos de quienes desprecian la política, es un peligro votar por un mesías que venga a absolvernos por el país que hemos cometido, pero el alcalde Armitage no es el caso.
Y su historia sobre sacarse de encima el pasado, y no graduar a nadie de enemigo, se fue propagando como una rareza en un país irremediable.
Y sí, Armitage llora cuando es testigo de escenas de la desigualdad o cuando se da la violencia bajo su guardia, pero visto desde aquí no parece un demente.
El año pasado les ganó la alcaldía a los políticos de siempre convertido en un ejemplo a imitar: un empresario justo que cree en la reconciliación.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/08/24/colombia/1471990446_780391.html
