ComunalidadHistorias de Oaxaca: Mi mamá

Historias de Oaxaca: Mi mamá

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Guillermo RANGEL ROJAS
OAXACA.- En los años cuarenta del siglo pasado, a Miahuatlán llegaban los periódicos de la capital y mi mamá recortaba “Lo que el viento se llevó” y así hizo su libro. Llega a vivir a Oaxaca y entra a estudiar a “La Corregidora”, nunca comentó que su novio con el que se iba a casar muere en un accidente.

Años después se casaría con mi papá y viven en una casa del centro. Fuimos doce hermanos. La casa con su zaguán y dos patios recibía a don Goyo que venía de Etla con su canasto a vender queso con aros marcados con su nombre, también pasaba la frutera, la señora de los dulces de almendras, charamuscas y pepitorias, desde San Felipe del Agua bajaban caminando las tortilleras, erguidas y con su tenate de tortillas encima de la cabeza, también pasaba el soldador de jaulas, paraguas y olla.

La casa estaba llena de pájaros, jilgueros, cenzontles, clarines, canarios, verdines, cardenales y macetas con flores, sobre todo conchas que eran sus favoritas.

De comer hacían verde -todo crudo-, chichilo -todo asado-, estofado -todo frito-, moles negro y coloradito, pipián, amarillo, tamales de calabaza de támala y el dulce de Huevo Real, tejocote, calabaza o arroz con leche.

En ese entonces, los sesenta, comprábamos la leche a la vuelta de la casa casi recién ordeñada; a veces oía lo que le decía a la cocinera que tenía qué comprar en el mercado y luego cómo lo tenían que hacer. Un día le pregunté que cómo sabía si casi nunca cocinaba, me dijo que oía a su mamá dictar las recetas y se las aprendió.

Había un guiso para el que le daban brandy a la gallina hasta que moría, entonces se le aflojaban los huesos y se los sacaban; nunca la ví exaltada o que dijera alguna grosería.

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En ese Oaxaca de antes, los días 1 y 2 de noviembre en las calles del centro se veían personas que llevaban canastos con «Los muertos” para el familiar o la amistad, pan de muerto, si era de Juquila qué mejor; mole, chocolate y dulce de calabaza o nicuatole que se hacían en casa.

«Muertos» era una fiesta más grande que Navidad, se daba en los trabajos una especie de aguinaldo para sus “muertos”, se hacía el altar con sus siete pisos y sus arcos de cañas forradas de flores y frutas.Otro altar muy bonito es el de la “Virgen de Dolores”.

Un Día de las Madres le pedí permiso para llevar serenata con unos amigos, éramos varios, amaneció y no dio tiempo de llevar a la casa, llegué como a las seis y la encontré esperando barriendo el patio, me sentí tan mal que me puse a esa hora a lavar los trastes.

Fue la época de los domingos de matiné en los cines Mitla, Alcalá y Cinelandia, cuando la banda tocaba a en el zócalo dirigida por don Diego Innes, mientras las señoritas daban vueltas y los jóvenes les regalaban flores o tomaban un refresco en los portales, en ese entonces en la Alameda estaban las nieves y las fotos de agüita.
Se quedan en el tintero muchas anécdotas que si Dios quiere y ustedes lo permiten, un día platicaremos.

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