Al abandonar el Kremlin, el presidente legó a Putin un último consejo: “Cuide bien de Rusia”.
¿Sería como Kiriyenko o Stepashin un personaje de transición, un primer ministro efímero, o bien Yeltsin habría encontrado en él al sucesor deseado?
Los que conocían bien a Yeltsin sabían que la reacción reservada de Putin habría contribuido seguramente a animarle en su idea.
Apreciaba la contención de Putin, comparándola con las ambiciones desatadas que se desplegaban sin tener en cuenta si podían herirle.
Apreciaba también —él estaba loco por el tenis después de haberlo estado por el fútbol— la pasión deportiva de Putin.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/01/actualidad/1472748524_653628.html
