Si la culpa y el sentimiento de ser juzgados se enquistan, las consecuencias pueden ser nefastas, para la madre y los menores.
Es más, muchas mujeres somatizan esta culpa, esta vergüenza o frustración por sentirse arrepentidas y acaban enfermando físicamente», asegura.
Finalmente, reconocer que su vida podría ser mejor sin hijos no tiene por qué ser un drama.
Así que callan por miedo al rechazo social, a ser juzgadas y a no ser entendidas», sostiene la experta.
Y si no lo son, si reniegan del papel de madre.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/09/buenavida/1473418113_871218.html
