Costa sugiere un ramillete de razones que estarían interconectadas entre sí: «Por un lado, otro idioma obliga a pensar despacio.
En nuestro idioma natural, saltaría con más facilidad el Sistema 1 a gestionar el problema; el esfuerzo adicional de usar otro idioma despertaría al Sistema 2, más perezoso pero más juicioso.
En otro idioma, no solo nos centramos menos en nuestra primera respuesta emocional en dilemas morales.
Quienes los leyeron en su segundo idioma otorgaron de media un punto menos de incorrección moral a estas acciones.
Muchos otros trabajos han confirmado estos resultados: en un idioma extranjero nos llevamos menos por lo emocional y nos centramos en el resultado más eficiente.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/09/20/ciencia/1474361350_895028.html
