Tampoco pueden leer novelas contemporáneas, historias de ficción como las que escribe el estadounidense John Grisham sobre investigaciones policíacas y crímenes.
Por eso, los prisioneros de Texas no pueden leer algunas novelas de William Shakespeare, uno de los mejores escritores en lengua inglesa de la historia, o Gustave Flaubert, célebre novelista francés.
El objetivo, alega el TDCJ, es crear un equilibrio entre la literatura que pueden consumir los presos y la seguridad de las prisiones.
Libros que estén escritos “con el objetivo único de provocar altercados en las prisiones”, o cuya publicación “es dañina para la rehabilitación de los presos”, tampoco son permitidos por el TDCJ.
Las autoridades texanas justificaron que el libro “contiene material sobre cómo organizar y operar redes criminales, o cómo evitar ser detectados por cuerpos de seguridad”.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/28/estados_unidos/1475085250_215117.html
