Pienso también en que el ¡Adiós, Cancún!
y la tramposa entrada a La Habana, días después de que ya habían asegurada la plaza el Ché y Camilo.
Los payasitos, inhibidos y luego de un breve silencio, le dijeron entonces que se llamaban Fidel y Raúl.
Trompoloco firmó el papel y con un manotazo sobre la mesa, gritó: Colchoneta y Zapatón, abandonando por obvias razones sus afanes libertarios.
Triunfo de la retórica donde Quetzalcóatl se encarnaba con todo y patillas, mientras Fidel no cejaba en su sonrisa y paso firme olivo.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/22/mexico/1458669706_287741.html
