Tal vez habría que transformarlo en el himno de Argentina, un país de boludos, como nos llamamos, con inmenso cariño e ingenuidad, los unos a los otros.
Todos consideramos a los demás boludos sin percibir que, en ese modismo, tal vez se esconda algún juego extraño del inconsciente.
Si un país se endeuda para que, en parte, sus ciudadanos más privilegiados gasten dinero en el exterior, tarde o temprano, la bomba explota.
Nadie se ofende en Buenos Aires si otra persona lo saluda con un “¿Qué hacés, boludo?”.
Y, por supuesto, en las kilométricas arenas del Brasil que, como todos los años, desbordarán de boludos.
Fuente original: Boludos en Miami | Internacional | EL PAÍS
