En 2013, unos barrenderos encontraron dos brazos embadurnados de arena en la famosísima playa de Ipanema.
Un hombre se topó con aquello, lo fotografió, lo envió a un periódico y declaró: “Ya vi otros cuerpos flotando otras veces.
La extremidad, ensangrentada, flotaba en el agua rodeada de una espuma espesa del color de un capuchino.
La naturaleza, por suerte, se encarga periódicamente de recordar a las autoridades que incumplieron la promesa de descontaminarla antes de los Juegos.
La escena es macabra, porque si uno se fija, en ella también se dibujaba lo que parecía una cabeza, pero pocos en esta ciudad se conmocionaron.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/07/opinion/1457370364_475270.html