Vivía Venezuela la tercera década de un boom de precios del crudo que había comenzado con la Segunda Guerra Mundial.
El padre Alarcón autorizó que, una vez por semana, apiláramos tierra para hacer un montículo y trazásemos un diamante.
La verdad, no terminé el bachillerato con los recoletos porque en cuarto año reprobé todas las asignaturas, menos una, y por eso me echaron de aquel colegio de varones.
Ni hablar del contingente de italianos de Nápoles, Sicilia y los Abruzzi que venían a arrimar el hombro a la industria de la construcción.
Y me ocurre pensar que don Manuel y yo tenemos al menos una cosa en común, y es que ambos hicimos el bachillerato con los padres agustinos.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/06/16/actualidad/1466108750_674613.html
