En Róterdam, están seguros de que El Bosco es el padre de esta corriente y lo han emparejado con sus contemporáneos, y con Brueghel el Viejo, para plasmar una revolución que no fue ni estilista ni formal, sino de contenido.
Los restauradores del museo han hecho un guiño de altura al visitante y le permitirán contemplar sus trabajos sobre el San Cristóbal, de Brueghel.
Se titula La novia llorosa (1540) “y es la caricatura llevada al extremo”, según el conservador Peter van der Coelen.
Esta vez, hay vitrinas llenas y es como si una parte del cuadro cobrara vida propia.
Poco a poco, junto a damas de diversa reputación, y caballeros más o menos licenciosos, asomaron los primeros campesinos y mendigos.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2015/10/07/actualidad/1444238666_748692.html
