El gobernador Terry McAuliffe aprobó en agosto un decreto que restaura el derecho a voto a unos 13.000 exreclusos.
Pero algo está cambiando en Virginia, el Estado en el que vive Manurs, para que ese pasado comience a ser más irrelevante.
Defiende las actividades de Arm and Arm como una alternativa a la encarcelación masiva en EE UU, que afecta desproporcionadamente a negros y supone una “mancha” que les persigue.
Kelvin Manurs, un hombre negro de 48 años, habla de su “otra vida”.
Esa vida terminó en 2014 cuando cumplió cinco años de prisión por tráfico de drogas.
Fuente original: De la celda a la urna | Estados Unidos | EL PAÍS
