Trump ha logrado esta designación buceando en esas ansiedades con la ayuda del racismo más descarnado y el populismo más simplista.
Preocupan, y mucho, las consecuencias internacionales de una eventual victoria de Trump (¿quién se atreve a descartarla por completo después del resultado del referéndum británico?).
Queda en la conciencia de los votantes republicanos, divididos como nunca y abandonados por su partido, decidir si Trump debe ser el presidente de EE UU que ellos y el mundo se merecen.
Sin duda que EE UU, como todas las sociedades democráticas y avanzadas, tiene múltiples problemas.
Un mal comienzo para un desenlace que ojalá no se produzca.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/21/opinion/1469124555_407669.html
