Fue, tal vez sin proponérselo, el argentino que se hizo querer de todo el mundo.
Por eso, porque lo conocí y lo quise tanto, me resisto a participar en los lamentos y elegías por Julio Cortázar.
Fui a Praga por última vez hace unos quince años, con Carlos Fuentes y Julio Cortázar.
Lo raro es que yo tampoco me había atrevido a acercarme a Cortázar aquella tarde del Old Navy, y por el mismo temor.
Estos dos recuerdos de Cortázar que tanto me afectaron me parecen también los que mejor lo definían.
Fuente: http://elpais.com/diario/1984/02/22/opinion/446252413_850215.html
