A lo que se añade que un clima de baja inflación reduce la efectividad de la política monetaria.
La capacidad de los bancos centrales para garantizar la estabilidad de precios está en cuestión.
En el 85% la inflación está por debajo de las expectativas que se fijan sus bancos centrales y de estos, en cerca de un 20% hay deflación.
El FMI admite que es complicado cuantificar el coste económico de un escenario en el que la inflación de mantiene baja durante un periodo prolongado.
Pero los bancos centrales empiezan a afrontar un problema de credibilidad, especialmente donde la política monetaria lleva años constreñida y las tasas de inflación a medio plazo son bajas o siguen cayendo.
Fuente: http://economia.elpais.com/economia/2016/09/27/actualidad/1474976782_288623.html
