Basta seguir a los que mueren y a los asesinados para saber dónde está el golpe y quiénes son los golpeados.
Pero la disputa en torno a la palabra “golpe” –si el proceso de destitución es un golpe o no– me parece apuntar también hacia el vaciado de las palabras.
Pero siempre con un poco más de horror, porque el mundo cambia, el pensamiento avanza, pero el golpe se sigue repitiendo.
Si las palabras no vuelven a encarnarse, si no vuelven a decir en Brasil, el pasado no pasará.
Hace de la sangre de su hijo su piel, convierte su sangre en la suya, lo lleva en su ser.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/06/21/america/1466545898_753684.html
