Una cosa es conducir con Zubin Mehta al lado y otra hacerlo adivinando si Keiko Fujimori levanta o baja el pulgar.
Es que lo que la mayoría fujimorista tiene de mediocre pero disciplinada, la rotunda minoría de los congresistas pepekausistas tiene, por su lado, de balcánicamente indisciplinada.
Aunque el Perú esté mucho mejor que otras naciones en América Latina, eso significa poco para el manejo del poder aquí.
No se ha visto, es verdad, ni cuero claveteado ni botas ni amarras, pero es que en este país lo último que se pierde son las apariencias.
Pocos días después, en el Gran Teatro Nacional, Zubin Mehta lo invitó a conducir a la Orquesta Filarmónica de Israel interpretando el Himno Nacional del Perú.
Fuente original: El presidente musical | Internacional | EL PAÍS
