Una parte de Europa —incluso de EE UU— empieza a responder afirmativamente a esa cuestión.
Valonia, una pequeña región de Bélgica de apenas 3,5 millones de habitantes, acaba de bloquear el acuerdo comercial entre la UE y Canadá.
El tratado con EE UU está ya, de facto, en el congelador: ni Alemania ni Francia lo impulsarán mientras la ciudadanía siga con las protestas en todo el continente.
Pero la crisis de identidad que atenaza al club comunitario pone en peligro una de las esencias de la Unión: la capacidad de firmar acuerdos comerciales en nombre de todos los miembros de la familia.
Bajo la salida del Reino Unido de la UE laten también las secuelas de la hiperglobalización de los últimos años.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/10/15/actualidad/1476559781_825119.html
