Aunque el cabo R. I. P. no estaba presente, su dormitorio fue registrado, pues una soldado —que tenía todas las llaves por estar destinada en alojamientos— abrió las puertas de las habitaciones y al menos dos perros entraron en la suya.
Los dormitorios de los soldados son su domicilio y gozan de inviolabilidad, aunque se encuentren en el interior de los cuarteles, por lo que nadie puede entrar en ellos sin su consentimiento o una orden judicial, salvo delito flagrante.
Concluye que solo en el juicio se podrá aclarar si existió o no intencionalidad.
Lo más novedoso de la sentencia es que subraya la gravedad de un práctica hasta ahora frecuente en muchas unidades: los registros generalizados de los dormitorios que ocupan los soldados.
Según la sentencia, el 22 de abril de 2014 el citado comandante, por orden del general, dispuso que se registrasen con perros los alojamientos de tropa del acuartelamiento situado en el Polígono de Baterías de la Academia de Artillería (Segovia), en busca de drogas.
Fuente: http://elpais.com/politica/2015/10/08/actualidad/1444332009_027251.html
