Cuando el gol se pone testarudo puede que haya que esperar 87 minutos, lo que tardó España en derribar la fortaleza checa.
Iniesta y Silva hicieron recular a los checos, obligados a defender cada vez más cerca de Cech.
Un campo minado, demasiadas interferencias para los españoles, que no consiguieron liberar grilletes hasta que Silva e Iniesta se filtraron entre líneas y desde su observatorio enchufaron a España.
Juanfran y Alba fueron dos ventiladores perpetuos, con Silva y, sobre todo Iniesta, como bisagras para todos.
La Roja movió y movió la pelota sin retórica, siempre con mala uva, con Iniesta dale que dale, pica que pica sin parar.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/06/13/actualidad/1465829875_948147.html
