El festival de cine más antiguo de Brasil utiliza su propia fórmula para reinventarse.
Lo mismo sucedió en Brasilia, donde, además de aplausos, provocó gritos de protesta contra el Gobierno de Michel Temer que marcaron la proyección fuera de concurso.
Sufrió con la mano dura de la dictadura militar (1964-1985), que canceló tres de sus ediciones en los años 70.
Más de 40 títulos, además de encuentros y debates, en una programación que traza un panorama de la producción nacional reciente y que no teme discusiones políticas.
Nada más propicio que esta polémica para un evento al que le gusta no solo llenar las salas de proyección, sino los turnos de debate.Y lo consigue.
Fuente: http://elpais.com/cultura/2016/09/27/actualidad/1474928730_072727.html
