Para lograrlo le pusieron la cara de Tom Hanks, seguros de que así este crápula nos caería bien.
No fue su culpa: Hanks es en realidad la víctima del Hollywood más cobarde.
Esta podía haber sido la consagración como actor de Hanks, pero el monumental fracaso en taquilla le obligó a esperar un par de años más.
Bruce Willis se negó a trabajar más de un par de horas al día y Melanie Griffith sufría constantes «contratiempos» debido a su adicción al alcohol.
No es mala idea, pero, a cambio, el argumento de la película no se entiende.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/10/13/fotorrelato/1476371308_785136.html
