Nada de eso veía Froome, ni Quintana, ni Castroviejo (el huracán emboscado).
Froome, allí solo, por fin solo, quizás pensó que mejor que mal acompañado (algunos de sus compañeros vinieron a la Vuelta a regañadientes).
La de Froome junto a la de Quintana, la de Contador al lado de la de Chaves.
Miel sobre hojuelas para Quintana que además se veía con fuerzas para resistir los empujones de Froome.
Una frontera frágil: amplia para el poderío de Quintana, corta para la ambición de Froome.
Fuente: http://elpais.com/deportes/2016/09/09/actualidad/1473429492_192993.html
