Pero el empobrecimiento político consiste justamente en que no es posible hacer ninguna “política económica”, ni keynesiana ni anti-keynesiana, cuando no se ha asegurado previamente una gestión verosímil de la deuda.
Las dos cosas —la antipatía prosaica de los partidos y la poética revolucionaria de los movimientos— son síntomas de esa pobreza política derivada del deterioro económico.
Porque, como decíamos, la pobreza de la política no está reñida con la abundancia de la poesía.
De lo que apenas hemos hablado es del empobrecimiento político que lleva aparejada la penuria económica en un mundo como el nuestro, en el que economía y política son difícilmente separables.
La prosa de la responsabilidad, por ser un reconocimiento de la propia pobreza, es una condición necesaria para ponerle remedio, pero no es aún el remedio mismo.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/06/opinion/1444154393_171426.html
