Los primeros barracones fueron construidos por los republicanos españoles, y hasta 20.000 de ellos permanecían en 1941 en el siniestro lugar.
Finalizada la II Guerra Mundial, numerosos alemanes pasaron de ocupantes a prisioneros en el campo de concentración.
Todo ello se resume en el antiguo campo de concentración de Rivesaltes, el lugar donde 60.000 “indeseables” quedaron encerrados y estigmatizados.
Hay que agradecer a Francia su esfuerzo de recuperación de la memoria histórica.
Pero la amplitud del éxodo le llevó a ordenar la transformación de un recinto militar en campo de concentración.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2015/10/17/opinion/1445105117_011241.html
