La vida visible se concentra en el puerto, en el que fondean yates de lujo venidos de todo el mundo.
De este modo, Hidra se convirtió en su centro de gravedad artística y vital durante una época crucial.
Para recibirlos, en la primera línea de la zona portuaria hay tiendas de lujo que satisfacen los caprichos de los ricos.
Por el dédalo de calles que es el pueblo hay una extraña mezcolanza de pensiones modestas y hoteles exclusivos, discretamente ocultos.
Al final la guitarra le ganó la batalla a la Olivetti, aunque habría que matizar que como en el caso de Dylan o Tom Waits, hay misterio y grandeza literaria gracias a la existencia de una dimensión musical.
Fuente original: Hidra: la guitarra ganó a la Olivetti | Cultura | EL PAÍS
