Está claro que, en su cortedad y aislamiento existenciales, Maduro busca consejo en La Habana cada vez que puede.
Haga lo que haga o deje de hacer, Nicolás Maduro dejará el poder en un plazo indeterminado que se anhela inexorablemente corto.
Raúl es a Maduro lo que Leonid Brézhnev, hacia el fin de la Alemania comunista, era a Walter Ulbricht.
Esto hizo pensar a algunos que Maduro iba a la Habana a escuchar She’s a rainbow en vivo.
Tampoco allí le hicieron lugar los cubanos a Maduro.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/30/actualidad/1459289320_273268.html
