En la condena no debe haber diferencias ni de personas ni de lugares ni de situaciones: un escrache es un escrache.
Es necesario que quede claro: la práctica del escrache no puede tener cabida en una sociedad democrática, ni debe ser justificada en ninguna circunstancia.
El modo en que un grupo de policías municipales fuera de servicio de Madrid protestó el pasado martes contra el concejal de Salud, Seguridad y Emergencias del Ayuntamiento, Javier Barbero, es absolutamente inaceptable.
Y hay que añadir que el escrache no solo se produce en la calle.
Y funciona como caldo de cultivo para comportamientos intolerantes y violentos que confunden el mundo virtual con el real.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/17/opinion/1455734728_175499.html
