Hay cursos de cocina, de panadería y de barista, una profesión cada vez más demandada en un país que vive para el café.
Ayudaba a su abuela Esperanza y al abuelo Santander en la cocina y las labores del campo y en algún momento soñó con acabar siendo cocinero.
Vuelve pocos minutos después con unos camarones cocinados en sal y termina el servicio mientras lo explica.
Piensas que no hay manera de seguir adelante”, me dice Rubén sentado junto a mí en el comedor del restaurante.
“Me dieron la oportunidad de conversar con exguerrilleros, acepté trabajar con ellos y hoy no me arrepiento.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/05/26/estilo/1464295244_295454.html
