Aindiado, cubista, en blanco y negro o en los colores del pavo real, los retratos del revolucionario ocupan desde hace años en Ayotzinapa el espacio dejado por la duda.
Hay un lugar en México donde la muerte dejó de existir.
Su antigua casa ha sido saqueada, ha recibido amenazas de muerte y se ha sentido espiado.
Han pasado dos años y Aldo reposa en la cama 347 del Instituto Nacional de Rehabilitación, en la Ciudad de México.
Aldo Gutiérrez Solano simplemente abandonó el mundo que habitaba, el fútbol y los caballos, y quedó atrapado en la larga noche de Iguala.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/25/mexico/1474772050_516534.html
