A 23 años de los acuerdos de San Andrés Sacamch’en (o Larráinzar), el Congreso Nacional Indígena (CNI) convocó a un foro informativo con abogados, especialistas e integrantes del Concejo Indígena de Gobierno sobre el Tren maya, el Tren transístmico y la Guardia Nacional, tres proyectos que echó a andar desde el inicio de su sexenio el presidente Andrés Manuel López Obrador, los cuales han sido analizados por las comunidades de la región sureste del país.
Participaron Yamili Chan Dzul y José Koyoc, concejales de la Asamblea Regional de la Península de Yucatán; Adrián Flores, del colectivo Geocomunes; Carlos González, abogado e integrante del CNI; Magda Gómez, quien es investigadora de la UPN y articulista de La Jornada; y Betina Cruz, concejal de los pueblos del Istmo y Juchitán.
A continuación, las siete coincidencias que resultaron del encuentro:
1. Es un proyecto económico regional
No sólo es el Tren Maya, sino el proyecto de interconexión vía terrestre de toda la región sureste de México, del Istmo con la Península, que no se mira de manera integral, pero que da pie a la conexión de la región con el norte del país y con Centroamérica.
Adrián Flores, del colectivo Geocomunes, mostró en mapas cómo este proyecto conecta de manera estratégica las Zonas Económicas Especiales de la Península con las del Istmo, además, abre nuevas posibilidades de transporte por los corredores multimodales ya existentes y da paso a la conexión interoceánica.
Geocomunes marcó de manera estratégica las concesiones mineras, las refinerías, las principales zonas eléctricas, las armadoras automotrices y los proyectos de extracción de hidrocarburos. Habilitar el tránsito con el Tren transístmico implica cursar del Océano Atántico al Pacífico en 10 horas, en comparación del canal de Panamá, donde es casi una semana.
“El Tren Maya permite la articulación de la industria del Turismo por la Rivera Maya con el proyecto de expansión industrial que había avanzado desde el sexenio anterior”, detalló Flores.
La concejala Betina Cruz señaló que éste es un proyecto que los gobiernos mexicanos han querido imponer desde hace mucho tiempo, un proyecto “que pretende la renovación de los dos puertos y descargar contenedores que atraviesen el Istmo y así comunicar las grandes economías globales neoliberales”.
Betina describió que éste es un proyecto que ha cambiado de nombre. En 1960, cuenta, cuando Pemex quería abrir paso a buques, “pretendía usar las aguas de un lugar a otro para pasar los barcos y, donde no había agua y hay rocas, abrirlo”. Luego en 1994, con Ernesto Zedillo, fue el Plan de desarrollo integral del Istmo, que incluía el plan Alfa Omega, donde se buscó conectar los dos océanos e impulsar el desarrollo de la zona con base en infraestructura vial para conectar presas y para captar inversión. Después, con Vicente Fox vino el Plan Puebla Panamá y con Felipe Calderón el Proyecto Mesoamérica. Luego, las Zonas Económicas Especiales con Enrique Peña y ahora los Trenes de López Obrador, todos con la intención de industrializar la zona y llenar de fábricas esa parte del país, para hacer una frontera antes de la frontera norte, describió la concejal binnizá-zapoteca.
“Dicen que en Istmo hay vocación estratégica de traslado de mercancías; las comunidades no tenemos esa vocación, es el mismo proyecto, pero nos lo presentan en partes”. Recalcó que incluso el Tren maya ya había sido propuesto por la exgobernadora priista de Yucatán Ivonne Ortega, bajo otro nombre.
2. Falta información
No hay información suficiente, necesaria, para que los Pueblos Mayas puedan tomar una decisión respecto a si quieren o no el Tren Maya. Y se han creado mitos en torno al proyecto. La concejala maya Yamili Chan expuso las dudas: por dónde pasaría el proyecto, cuántas estaciones tendría, por cuáles comunidades pasaría, qué otros proyectos turísticos y de urbanización plantea, cuál es el impacto ambiental de las vías, los ruidos, los humos.
Al no saber, las comunidades han aceptado que el proyecto pase bajo la promesa de tener más ingresos económicos, pero sin la certeza de cuáles serán esas actividades que los generarían. “Nos preocupa la falta de información para quienes levantan la mano y lo aceptan sin saber las consecuencias. La misma falta de información es una razón para oponerse al megaproyecto, es nuestro derecho ser consultados por esos proyectos que están en nuestro territorio”, aseguró la joven maya.
José Koyol, también concejal maya, narró que la desinformación causó que las personas creyeran que sería un tren elevado, “porque dijeron que no destruiría los árboles ni la selva”. Y ahora hay comunidades que se echan la bolita una a la otra de por dónde pasaría el tren, pues no lo quieren en la suya.
La concejala binnizá Betina Cruz aseguró que el gobierno federal tampoco ha presentado un proyecto ejecutivo sobre el Tren transístmico y la urbanización que implica. Los referentes que tienen son de los proyectos de los sexenios pasados. El desconocimiento de las implicaciones del proyecto también ha imposibilitado a las comunidades en dichos territorios tomar una decisión.
3. No contempla a las comunidades
Implica llegar a zonas muy cotizadas de la selva, donde hay propuestas turísticas, industriales y de transporte, pero borraron a los pueblos indígenas que las habitan del mapa. La concejala binnizá Betina Cruz cuestionó: “¿Dónde estamos nosotros los pueblos indígenas? No estamos ni nos mencionan; no se habla de quiénes están en los territorios de sus planes”.
La académica Magda Gómez recalcó que este proyecto no refleja la realidad de los pueblos implicados. “El proyecto de la mal llamada Cuarta transformación busca individualizar a las y los integrantes de los pueblos indígenas, habla de personas indígenas, no habla de pueblos indígenas o derechos colectivos”.
Aunque falta información, dijo el concejal maya Koyoc, los pueblos son conscientes de las implicaciones que los proyectos han traído: “Sabemos lo que han significado los proyectos capitalistas para nuestros pueblos, donde han habido proyectos en los último años hay contaminación y desabasto de agua, hay enfermedades, alimentos contaminados, semillas transgénicas, muerte de las abejas, falta de miel, hay prostitución, crimen organizado, rompimiento de los lazos comunitarios. Los pueblos dejamos de ser dueños de la tierra para ser explotados en espacios turísticos”.
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