Pasé horas escuchando a Leonard Cohen, tratando de apropiarme su mística, anonadado por su refinada seducción.
Adiós Leonard Cohen.
Una vez una amiga me reprochó mi falta de espiritualidad: “nunca te he visto rezar” -me dijo; “canto Leonard Cohen” -contesté.
¿Quién es Leonard Cohen?
De pronto lo supe: yo quería que mi vida fuera un texto de Leonard Cohen.
Fuente original: Leonard Cohen: el seductor de las tinieblas | Cultura | EL PAÍS
