Lo rompieron hace más de un mes las excavadoras de Samarco, empresa controlada por la brasileña Vale y por la angloaustraliana BHP Billiton.
Los pocos árboles que quedaron en la parte baja del pueblo todavía están teñidos de marrón y revelan que el barro llegó a casi 15 metros de altura.
Pero dejaron atrás pares de zapatos perdidos, pañales, cajas, colchones, ropa rasgada, trapos y otros objetos cotidianos cubiertos de barro.
Sin embargo, la nueva estructura no está exenta de polémica, ya que provocará la inundación de parte de Bento Rodrigues, incluyendo un muro de piedra del siglo XIX.
Incluso en la parte más alta del pueblo, donde las construcciones no se vieron afectadas por la inundación, el panorama es de destrucción.
Fuente original: Lo que el barro se llevó | Internacional | EL PAÍS
