Una observación que enroca con otra reciente publicación que observó las diferencias de peso entre quienes consumían lácteos enteros o desnatados.
Vivimos con la certeza de que los lácteos enteros estaban del lado de los malos en la película nutricional.
Por otro lado estaba la naturaleza de la grasa propia de los lácteos, caracterizada por los ácidos grasos denominados saturados.
Es decir, los lácteos desnatados aportarían, teóricamente, dos beneficios: reducir la cantidad de energía consumida y evitar unas grasas que en principio perjudicarían a la salud.
Entre los resultados, destaca el descubrimiento de que el grupo que más lácteos enteros consumía reducía un 8% su riesgo de tener sobrepeso u obesidad.
Fuente: http://elpais.com/elcomidista/2016/04/21/articulo/1461246361_836076.html
