Gracias a ello, el estilo de vida y la nutrición pueden afectar tanto nuestro epigenoma como el de nuestros descendientes.
Estas activaciones y desactivaciones pueden quedar fijadas fuertemente, tanto como para transmitirse a una nueva generación de células cuando estas se reproducen.
En este sentido, queda patente que ciertas marcas epigenéticas en el esperma del padre son transmitidas a la siguiente generación.
“No», contesta el doctor José Miguel García Sagredo: «Lo que podemos cambiar es la expresión de nuestros genes”.
La mujer ya no es la única que debe cortar con los malos hábitos antes y durante el embarazo para una prole sana.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/07/11/buenavida/1468241691_110945.html
