La pared donde está colgada la sartén del chico mitómano se está desconchando.
El abogado de El Chapo tenía la orden de comprarle teléfonos a la actriz que sirvieran para comunicarse en secreto.
Entonces vivía escondido en las montañas y sus escasas apariciones entre la gente común tenían reconocimiento divino sin necesidad probatoria del Vaticano.
En el silencio era enigmático, pero fue abrir la boca y el hechizo desapareció.
Hasta tres veces llegaba el capo a preguntar por el precio antes de hacer el envío de dinero.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/03/13/opinion/1457887074_841658.html
