No nos obsesionemos con la salud, pensemos también en el gusto, en la compañía y en lo práctico: funcionar cada día, despiertos.
El café, tampoco.
Pensando también en otros trastornos cuyo riesgo el café tampoco aumenta.
Tampoco hace falta que cada día estemos pendientes de cada nuevo estudio, podemos esperar a evaluaciones que cada cierto tiempo aquilatan lo que se ha aprendido.
El primer sorbo es agradable: esta vez la Agencia de la OMS nos tranquiliza.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/06/15/ciencia/1466007150_568792.html
