Atravesamos días contradictorios en que las cámaras hacen que nos cubramos la boca para ocultar nuestra mala leche, pero Internet nos permite ser otros en secreto para odiarnos más a gusto.
El mundo contemporáneo es una caja de cristal donde casi todo puede ser visto y donde zumban mensajes no identificados.
Quien tira la basura, maltrata a una persona o patea un perro puede ser exhibido.
Más próximo a la neurología que a la retórica, este medio de comunicación permite ser aforista repentino, pero también permite actuar con el descaro de Donald Trump, político viral que encarna irreflexivos descontentos.
El miedo a ser descubierto en pecado de franqueza no sólo atañe a los protagonistas de actos públicos.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/03/11/mexico/1457731378_029540.html
