Después, se pidió que estimasen el tiempo transcurrido desde que activaron el interruptor hasta que percibieron sus efectos.
En casi todos los casos, los participantes consideraban que había transcurrido menos tiempo cuando ellos mismos habían elegido castigar.
De una manera similar a la del experimento anterior debían calcular el tiempo transcurrido desde que habían presionado el botón para aplicar un castigo y la percepción del efecto causado.
De alguna manera, concluyeron los investigadores, nos sentimos más vinculados con los resultados de nuestros actos cuando no son negativos.
Empujados por el director, más de la mitad de los voluntarios continuaban realizando su tarea pese a las súplicas que escuchaban.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/02/22/ciencia/1456131231_900861.html
