Kitsch, en Barcelona, es una de ellas, a parte de ser la primera sex shop de la historia de España, que abrió sus puertas en 1978.
Créanme, no existe nada que pueda asombrar al personal de una sex shop y no hay pregunta lo suficientemente tonta que no haya sido superada con creces.
La última vez que visité Londres comprobé, para mi desgracia, que las sex shops del Soho, casi todas de la vieja escuela, están en peligro de extinción.
Cuchitriles, casi siempre regentados por un dueño-dependiente con muy malas pulgas, que contestaba con monosílabos a las preguntas de sus potenciales clientes.
El dueño gruñón de una de ellas me explicó, a regañadientes, que los caseros no quieren alquilar a ese tipo de negocios.
Fuente: http://smoda.elpais.com/placeres/que-hacer-y-sobre-todo-que-no-hacer-en-una-sex-shop/
