La mayor derrota militar que el Isis ha sufrido en más de dos años –la recaptura de Palmira, la ciudad romana de la emperatriz Zenobia–, y guardamos silencio.
Cuando cayó Palmira, el año pasado, predijimos la caída de Bashar al Assad, pero pasamos por alto la gran pregunta del ejército sirio: ¿por qué, si los estadunidenses odiaban tanto al Isis, no bombardearon los convoyes suicidas que atacaban las líneas frontales del ejército sirio?
Como solía decir mi colega John Gordon, del Sunday Express, fallecido hace mucho tiempo: Como que te levanta un poco de la silla, ¿no?
Mientras los oscuros maestros de la ejecución huían de Palmira este fin de semana, los señores Obama y Cameron estaban tan callados como las tumbas a las que el Isis ha despachado a tantas de sus víctimas.
El que humilló nuestra bandera nacional en honor del rey de Arabia, cortador de cabezas (hablo del señor Cameron, desde luego), no dijo una palabra.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/03/28/opinion/029a1mun
