Es justo hacer que esta memoria no sea tan solo el regocijo que Zapatero, Rubalcaba y su equipo deben sentir, legítimamente, por el deber de servicio público cumplido.
Quedan aún flecos del pasado de ETA, pero ya no existe sino en la sugestión de quienes querrían menos democracia.
A Rubalcaba —y a Zapatero— le culparon de todo los que han tenido cuidado de pasar de puntillas por estos méritos.
Medio siglo de pérdidas humanas, de desplazamientos, de extorsión, está detrás de ese acuerdo que ha abierto el camino de la paz.
Se ha silenciado tanto ese mérito que parecería que esta anomalía antidemocrática de nuestra historia desapareció como por ensalmo.
Fuente: http://elpais.com/elpais/2016/08/28/opinion/1472406582_877831.html
