La destitución de Dilma Rousseff, decidida por el Senado brasileño el miércoles pasado, cerró un ciclo de incertidumbre.
No por la discusión constitucional que desató, sino porque fue una señal deliberada de que el apoyo al nuevo presidente es condicional.
Del mismo modo que la investigación judicial por la corrupción de Petrobras no deja dormir a numerosos legisladores que apoyan al nuevo presidente.
El nuevo presidente piensa tomar oxígeno visitando EE UU para la Asamblea General de la ONU.
El nuevo presidente está más obligado que antes a algunas reformas antipáticas.
Fuente: http://elpais.com/internacional/2016/09/05/argentina/1473095191_900063.html
