Texto: Darwin Franco Migues/@darwinfranco. Fotografías cortesía: Juan José Estrada Serafín. 
Un proyecto periodístico de Nuestra Aparente Rendición y ZonaDocs. Idea original: Hector Guerrero/@mexhector y Darwin Franco/@darwinfranc
Este trabajo pertenece a ZonaDocs: Periodismo en Resistencia, y se reproduce aquí por medio de la Alianza de Medios de la red de Periodistas de a Pie. Encuentra la publicación original en el siguiente enlace: TESTIGOS PRESENCIALES: “DEBEMOS DE SEGUIR DENUNCIANDO”, JUAN JOSÉ ESTRADA SERAFÍN

 

Los fotoperiodistas son, la mayoría de las veces, quienes más se arriesgan para registrar y capturar con su cámara el nivel de violencia que se vive en México.

Los conocemos por sus fotografías, pero es poco lo que sabemos de ellas y ellos, de su experiencia, de su estar ahí y de su arriesgar, a veces, la vida en la búsqueda de la imagen que permita crear una memoria y un registro visual de este nuestro doloroso presente.

Testigos Presenciales nos permite saber quiénes son ellos y de qué manera afrontan su trabajo periodístico; es una oportunidad para apreciar su trabajo fotográfico a través del sentido y justificación que le dan al mismo.

En esta entrega, te compartimos el trabajo del fotoperiodista poblano: Juan José Estrada Serafín.

La fotografía deber ser un acto comunitario, un encuentro. Fotografiar una comunidad sin sentirla y/o vivirla es reducir –desde la imagen- su expresión, es pensar que Cherán o Las Auto-Defensas son sólo gente armada y nada más. Es pensar que el Michoacán alzado que busca retratar Juan José Estrada Serafín es sólo la representación de la violencia por la violencia; sin embargo, esto no es así para este orgulloso fotógrafo p’urhepecha que ha padecido en carne propia la tortura y que, pese a ella, cree que la fotografía es un instrumento para cohesionar el tejido social que otros nos han arrancado.

Juan José Estrada Serafín nació en Turicuaro, una comunidad indígena que se sitúa en el centro de la Meseta P’urhepecha. Ser indígena, como precisa Serafín, lo ha marcado en muchos sentidos y le ha enseñado el valor de ver por los otros y la importancia que tiene la rebeldía, y como no habría de aprender esto si Turicuaro es uno de los pocos poblados indígenas que no fue conquistado por los españoles.

Serafín, como se le conoce, recuerda el primer momento en que conoció una cámara fotográfica, de esas que llevaban los gringos, cuando llegaban a su pueblo en búsqueda de sus afamados molcajetes. Del crujir de las piedras pasó al sonido de las cámaras instantáneas que “mágicamente” plasmaban la realidad en un trozo de papel.

Se interesó por la fotografía y la marcó como un sueño, pero su realidad y los costos de ser fotógrafo hicieron que cambiara la imagen por las letras. Eso también provocó un cambio de ambientes porque Serafín dejó la Meseta P’urhepecha para comenzar una nueva vida en Morelia, capital de Michoacán. Ahí estudió Letras Hispánicas en la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo, pero pronto supo que lo suyo, su sueño, no era estar quieto leyendo sino estar en movimiento para fotografiar su realidad. Él quería viajar, retratar.

Combinó la universidad con el periodismo y así fue como ingresó como fotógrafo, en el año 2000, al periódico Cambio de Michoacán. Ahí supo que tampoco era lo suyo tomar las fotografías de los eventos o los retratos de los políticos que no decían nada.

Regresó a la Meseta P’urhepecha e ingresó a la Universidad Intercultural Indígena de Michoacán para estudiar “Comunicación Intercultural”, pues seguro estaba de que ahí encontraría la posibilidad para conjuntar la fotografía, el periodismo y el cambio social. No quería estar quieto, no quería que sus fotografías lo estuvieran; por ello, se animó a seguir trabajando para Cambio de Michoacán como corresponsal en su región.

Al final, la universidad no fue lo que esperaba, pues no había profesores especializados en comunicación y lo que ahí le enseñaban era incompatible con la realidad que él analizaba como periodista y fotógrafo. Ese choque de realidades moldeó su andar fotográfico, pues para Juan José Estrada Serafín:

La fotografía es un canal por donde el fotógrafo debe comunicar lo que es y lo que hace una comunidad. La fotografía más que la imagen en sí, es estar con la gente, es platicar con ella y dejar en la foto la comprensión que se tiene de ellos y no la impresión que nos dan cuando sólo tomamos la foto y nos vamos”.

Serafín comprendió sus palabras cuando en primera persona cubrió y vivió el conflicto estudiantil de la Universidad Intercultural Indígena, cuando entendió las conexiones entre estos conflictos con la política y el crimen organizado y cuando un pueblo vecino, de nombre Cherán, decidió tomar las armas para defender su territorio.

Así fue como se introdujo a Cherán y generó uno de los registros fotográficos más cercanos al movimiento cuyo objetivo era y sigue siendo proteger sus tierras de la tala ilegal.

El fotógrafo de Cherán

El 18 de abril del 2011, tres días después del levantamiento de la comunidad, Juan José Estrada Serafín decidió ir a Cherán sin saber que ese viaje cambiaría su vida para siempre. Ese día, el pueblo vecino al lugar donde nació decidió tomar las armas e imponer barricadas a las entradas y salidas del pueblo como una medida de presión dirigida hacia las autoridades que fueron sistemáticamente omisas y se negaron a escuchar las denuncias de homicidios, desapariciones y agresiones por parte de grupos ilegales de talamontes que estaban acabando con sus bosques.

En Cherán desarrolló esa comunicación intercultural y comunitaria que de alguna forma le fue denegada en la universidad. Ahí tejió esos lazos que había venido buscando con su tierra y encontró un espacio para que la fotografía fuese un punto importante en la construcción del tejido comunitario.

¿Cómo te involucraste en Cherán y cómo fue que fuiste retratando el movimiento?

A Cherán más que como fotógrafo llegué como un ciudadano emocionado porque la gente se levantara contra la injusticia. Me emocionaba pensar que eso mismo podía pasar con mi pueblo y eso fue lo que me llevó a Cherán. De ahí surgió la necesidad de comunicar lo que pasaba porque a mí me desesperaba que ni en La Voz de los Purépechas (radio comunitaria anclada en Cherán), ni en los medios se dijera lo que estaba pasando. Yo mandé las primeras fotos de lo que acá pasaba a Cambio de Michoacán y me dijeron que no las podían publicar porque era gente armada y eso era insurrección.”

Ante la negativa de su medio, Serafín comenzó a subir sus fotos de Cherán en su perfil de Facebook y así fue como comenzó a ser visible lo que en realidad ahí pasaba. Después publicó sus fotos en un portal llamado purepecha.com y fue construyendo, junto con la comunidad, un proyecto de comunicación que tomó el nombre de micheran.com.

Desde este sitio, Serafín comenzó a mostrar las fotografías y testimonios de la vida cotidiana y cultural de Cherán; su trabajo retrató a los comunitarios buscaban la liberación de su comunidad y el respeto a su tierra.

¿Qué querías retratar en Cherán?

Yo quería que se supiera que cerca de mi gente que vive situaciones terribles existía Cherán para que se inspiraran y cambiaran. Lo que quise mostrar en mis fotos de Cherán es que es posible cambiar, es posible proponer, pues Cherán nos permitió mirarnos nuevamente como banda, como hermanos. Eso busqué en mis fotografías.

Cherán fue para Serafín un encuentro con sus raíces indígenas, fue un reencuentro consigo mismo y una oportunidad para decir al resto del mundo que hay formas comunitarias que apuntan a la conjunción y no a la fragmentación de los lazos sociales.

¿Cómo se hacía fotoperiodismo en Michoacán en los tiempos de los Templarios?

La violencia acá en Michoacán está cabrón… hay muchas violencias. Una de ellas, y de la que se habla poco, es que te paguen a 30 varos las fotos que tomas en la cobertura de hechos violentos; otra, es el poco apoyo que recibes de los medios cuando llegas a ser amenazado o levantado”, precisa Serafín con una tranquilidad que deja frío a cualquiera.

Este vínculo ente el narcotráfico, el estado, la población y los medios para él no es nuevo, pues forma parte de ese Michoacán que le ha tocado vivir, aunque nunca antes estas relaciones habían sido tan insufribles y violentas desde aquel 2006 en que el también michoacano, Felipe Calderón, le declaró la guerra al crimen organizado decidiendo que su tierra natal sería el primer eslabón de una tragedia que aún padecemos.

¿Qué riesgo tiene un fotoperiodistas al hacer su trabajo en Michoacán?

Yo he tenido diversos levantamientos, el primero podría decir que fue amistoso. Yo conocía a un comandante de la policía municipal y un buen día me dijo: Necesito que me hagas paro para hacer una entrevista a una persona… fui a la comandancia y de ahí me dijeron que nos iríamos a otro lado que no me preocupara.

Me cuestioné mucho si iba o no, pero me aventuré. No nos fuimos en un carro oficial, nos fuimos en un carro privado. El comandante que me llevaba se quitó el uniforme y se puso una camisa del PRI.

Primero llevamos unas despensas y unos sobres a una comunidad. Luego nos trasladamos a otro sitio donde un compa pasó en una moto y nos llevó con el jefe de la plaza. Ahí fue donde el comandante dijo: -Este es el periodista-.”

Ese fue el primer acercamiento que Serafín tuvo con Los Caballeros Templarios y fue cuando supo que ellos, la policía y el gobierno eran una misma cosa. Serafín recuerda que en esa charla no hubo violencia ni malos tratos, sólo una propuesta de trabajo:

– “Nosotros sabemos que quieres hacer una revista, un periodiquito local, y queremos apoyarte. De esa manera podemos tener un medio chiquito donde podamos mencionar ciertas cosas.”

– “Jefe, yo trabajo en un medio grande y de mí no depende lo que se puede sacar o no en el periódico”

Nosotros no estamos interesados en esa parte sino en que tú hagas los reportajes de los municipios en ese medio nuevo donde tú nos vas a dar espacios. Nosotros te vamos a mandar unas columnas que deberás publicar sin mover nada. Nosotros estamos queriendo hacer eso porque queremos entrarle a la cuestión política y sacar de ahí un buen billete… Queremos usar ese espacio para presionar a los presidentes municipales que no están alineándose. Si te late ahí te va mi teléfono… sino quieres no se hace, sin pedos, pero no le digas a nadie… pero si dices que sí lo armamos sin problemas y tú nos debe de decir qué cámara te compramos, qué computadora necesitas y te lo damos. Además te pasamos una mensualidad de 6 mil pesos y si quieres hasta mercancía que vendemos.

Serafín, no sabía ni qué pensar, tenía miedo de decir no pero más de que tuviera que decir que sí. Su personalidad lo salvó y después de bromear, les dijo que lo pensaría y los llamaría. Se despidió temeroso y subió al auto donde el jefe de la policía lo llevaría nuevamente.

Ese viaje de regreso a su pueblo pensó que no la libraría, pensó que al negarse de entrada podría ser atacado por el comandante que clarito se veía que estaba con Los Templarios. Nada de eso pasó ese día ni los días posteriores en que tenía que dar una respuesta.

La fortuna acompañó a Serafín, pues el celular donde registró el número del jefe Templario se descompuso, así que no había manera de que se comunicaran con él. Esto se lo comentó al comandante y éste le dijo que ya ni se preocupara porque el jefe ya no estaba.

El segundo encuentro con Los Templarios lo vivió meses más tarde cuando en la cobertura del conflicto estudiantil de la Normal Indígena de Michoacán se topó con el jefe Templario que tenía a cargo la Meseta P’urhepecha.

Siguiendo con la corresponsalía del periódico Cambio de Michoacán, Serafín informó que la creación de la ronda comunitaria en TurÍcuaro, su pueblo, se había frenado por la falta de seguridad y por las amenazas que sufrían los pobladores. Eso incomodó a Los Templarios.

¿Qué pasó en este segundo encuentro con Los Templarios?

Yo no quería que me mataran a mí o a mi familia. Mi hermano menor me hizo reflexionar la gravedad del asunto. Después de esto me salí un rato de Michoacán y me fui a vivir al Distrito Federal, pensé que ya había valido madre la chamba porque en Cambio de Michoacán no hubo reacción ni apoyo alguno ante la amenaza.

En Michoacán denunciar una amenaza es un arma de doble filo porque acá el crimen está infiltrado en todos lados. Denunciarlo nos pone en más riesgo porque no tenemos en donde ampararnos. Yo prefiero denunciar hacia afuera; por ejemplo, en Artículo 19, para guardar registro de lo que pasó pero sé que acá no pasará nada.

Poco antes del exilio de Serafín, el surgimiento de las Auto-Defensas en Michoacán comenzó a tomar forma. Él ya había comenzado con la cobertura del levantamiento en armas de diversos municipios que se cansaron de ser olvidados por las autoridades y de ser azotados por Los Caballeros Templarios.

Fotografiar las Auto-defensas

Fue en octubre de 2012 cuando Serafín se enroló en la cobertura periodística de las Auto-Defensas y lo hizo en el municipio de Urapicho, segundo pueblo en levantarse en armas.

¿Cómo te incorporaste a la cobertura de las Auto-Defensas y cuáles fueron los riesgos?

La cobertura que realicé de las Auto-Defensas fue una aventura porque yo y otros compas, sin saberlo bien, nos aventuramos a Tierra Caliente en búsqueda de esos hombres que armados peleaban por su paz. Sin embargo, pronto entendimos que en un conflicto armado no podíamos llegar sin información,ya que en lugares así no podíamos llegar y comenzar a tomar fotos, pues cualquier pendejada que hiciéramos nos pondría en riesgo, pues no existían las condiciones para trabajar.

Aprendimos la manera de acercarnos y de ganarnos su confianza. Aprendimos que no podíamos llegar y tomar las fotos, aprendimos que habría que seguir sus formas.

Entender las formas e involucrarse con sus procesos le permitió a Serafín adentrarse en lo más profundo de las Auto-Defensas. El ser p’urhepecha también le abrió las puertas y la confianza porque no lo veían como un fotógrafo extraño o extranjero sino como el fotógrafo que anteriormente había ayudado a dimensionar lo que había pasado en Cherán.

Su trabajo en Cherán, colocó a Serafín en un sitio privilegiado, pues él no sólo estuvo ahí para retratar el movimiento sino que también participó en darlo a conocer. Así fue como conoció a José Manuel Mireles (líder de las Auto-Defensas) y colaboró con las comunidades para la creación de sus propios canales de difusión y comunicación.

¿Cómo iniciaste tu recorrido por las Auto-Defensas?

El trabajo se fue dando, ellos fueron confiando en mí, en mis fotos y en mis textos. Cuando las autodefensas ya habían tomado Tepeje, La Ruana, Buenavista y Tancítaro… Mireles me pidió que hiciera paro, me dijo: Serafín, junta medios que sean chidos y que no anden con mamadas, nosotros los dejamos trabajar para que informen lo que es en verdad el movimiento.”

Serafín con el conocimiento de los procesos comunitarios ayudó a muchos periodistas a incursionar en los territorios de las Auto-Defensas, también aprendió que no podía ayudar a todos, pues muchas veces no había correspondencia o solidaridad.

Él se colocó de lado de las Auto-Defensas cansado de ver como la información oficial ganaba terreno y se desechaban los verdaderos motivos del levantamiento:

En mi trabajo siempre gana la visión comunitaria, me gana el estar ahí, el quedarme y entender lo que la banda está haciendo porque lo de las Auto-Defensas no se reduce a la gente armada. Me adentré a la cobertura de las Auto-Defensas porque no me implicaba el riesgo que tenía el seguir trabajando en mi propia comunidad, pero a su vez me permitió adentrarme más en la complejidad de Michoacán.

Las Autodefensas me abrieron muchas puertas, pero no es sólo la chamba lo que vale sino lo que esto significó para mucha gente cansada de la violencia en Michoacán. Sin embargo, esto no terminó bien porque sólo llegó el gobierno federal a meter más ruido, pues Los Templarios seguían acá operando como siempre.

El tercer encuentro con Los Templarios

Vivir acá en Michoacán con tanta violencia te deja paranoico, yo voy en la calle y todo el tiempo estoy vigilando qué pasa. A mí me gusta la fiesta pero ya no puedo ir a todos lados… me tengo que estar cuidando mucho. Uno se va adecuando porque con lo vivido ya no puedo tener una vida del todo normal. Está muy cabrón.”

Tan cabrón como ese tercer encuentro con Los Caballeros Templarios. Ese día Serafín decidió cubrir un avance de Las Auto-Defensas en Uruapan, estaba seguro que ese día llegarían ahí, así que no lo pensó dos veces y se trasladó al lugar con un colega de la Agencia Esquema, agencia acusa de tener nexos con el crimen organizado y cuyo director, José Luis Díaz, apareció en un video, dado a conocer por MVS Noticias (22/08/14), asesorando y recibiendo dinero de Servando Gómez “La Tuta”, líder de Los Templarios.

Fuimos al lugar y tomamos unas fotos, todo parecía normal. Yo tenía la corazonada de que Las Auto-Defensas llegarían a Uruapan, pero no fue así porque se fueron para Nueva Italia. Así que nos fuimos para allá. Tomamos la autopista y ésta ya estaba cerrada, así que nos regresamos a Uruapan, pero al entrar vimos pasar en chinga a unos municipales y los seguimos.

Serafín no imaginaba lo que pasaría ni sospechaba que esos mismos municipales lo entregarían, horas más tarde, a los Templarios. Sólo lo entregaron a él, su colega de la Agencia Esquema recibió otro tipo de trato.

Los alcanzamos, nos dejaron tomar fotografías. Uno de los policías me dijo vente conmigo hay un operativo y yo tome varias fotos de las patrullas, ahora esas fotos son mi registro de quienes horas más tarde me chingarían. Me subí a la patrulla y ahí valió madre todo: –Acá no hay ningún operativo, ya te cargó la verga morro-, me dijo el policía.

A Serafín se lo llevaron los policías, mientras que a su colega sin amenazas ni golpes lo metieron a otro carro. Lo llevaron a un lugar que no desea recordar y ahí lo entregaron a integrantes de Los Caballeros Templarios, éstos lo pusieron de cuclillas, lo golpearon, le dieron la madriza de su vida porque nada de lo que contestaba parecía satisfacerlos. Le dijeron que lo estaban investigando y fue ahí cuando sintió ese miedo que paraliza el cuerpo, pues él sabía que su trabajo cercano con la ronda comunitaria de Cherán o con Las Auto-Defensas sería muy mal visto por sus captores:

Todo se me vino a la mente: los comunicados, las entrevistas con Mireles, el trabajo en Cherán, toda mi chamba comunitaria, pensé que ya había valido madre, pensé que de ahí no me levantaría jamás. Tuve miedo de todo, de que revisaran mi cámara, de que vieran las fotos, de que me mataran“.

Serafín duró cuatro horas secuestrado, pensó lo peor. Fueron largas horas de recibir insultos y golpes. Nada podía hacer más que esperar lo peor o lo inesperado, pasó esto último. Lo liberaron sin darle mayores explicaciones y le regresaron su cámara intacta.

El estar ahí fue tan fuerte que no imaginaba salir vivo. Esa noche que estuve ahí escuchaba sólo el tronar de las pistolas, veía a la gente que entraba y me preguntaba cosas, yo respondía lo que podía. Supe que me dejaron ir porque llamaron al director de la Agencia Esquema y éste dijo conocerme… y ahí fue que me dejaron ir.

A Serafín lo metieron a un carro donde ya lo esperaba el fotógrafo de la Agencia Esquema:

Dentro del carro no podíamos ni hablar, mi compa sólo me tomó la mano y me apretó y pensé que ya la habíamos librado, aunque todo el tiempo del traslado pensé que en cualquier momento nos bajarían para matarnos.”

Después de su liberación, Serafín decidió buscar al director de la Agencia Esquema, José Luis Díaz, para preguntarle qué sabía de lo ocurrido. A José Luis Díaz no lo conocía directamente, pero sus vidas sí se habían cruzado cuando José Luis viajó a Turicuaro (tierra de Serafín) para cubrir los conflictos magisteriales y fue recibido a golpes por los manifestantes, pues sospechaban de las intenciones informativas de su medio. Quien salvó al director de Agencia Esquema de la golpiza fue curiosamente el papá de Serafín, quien era comisionario del pueblo. Serafín cree que ese detalle fue lo que lo salvó de morir aquel día en que Los Templarios lo levantaron.

Este hecho me cambió completamente, ahora sé que puedo manejar este tipo de situaciones, pero lo que me pasó fue algo bien cabrón. Ahora me cuido más, ahora desconfío más de los policías, ya no viajo solo y estoy al pendiente de todo. No me raje porque creo que debemos seguir haciendo esto: debemos informar y denunciar las cosas. Debemos estar ahí para ayudarle a la banda para decir que ellos no son cómo dice el gobierno y los grandes medios.

Michoacán alzado

Juan José Estrada Serafín actualmente es fotógrafo de la revista Cuartoscuro y están en pleno proceso de producción del documental Michoacán alzado, en el cual está aprovechando su experiencia como fotoperiodista para retratar las diversas formas de insurrección que coexisten en Michoacán: Las Auto-defensas, las policías comunitarias, las policías de élite y las rondas comunitarias.

Serafín quiere mostrar que hay muchas cosas detrás de las armas y que Michoacán no puede pensare como una sola entidad, pues son muchas las manifestaciones en contra de la violencia y son muchas las estrategias que se han gestado para combatirlas y es eso lo que quiere mostrar en su documental y en sus fotografías.

Mis fotos son una sola parte de la diversidad de lo que vive Michoacán, yo lo que busco siempre estar en la primera línea, pues es necesario que se sepa esto que nos pasa. Yo veo un Michoacán en transformación y mis fotos buscan mostrar esa transformación de cientos de personas que quieren ser libres…

Por eso, entre mis fotos y yo no hay distancia porque yo no soy ni puedo ser distante respecto de lo que veo. Mi pueblo p’urhepecha me dejó esta formación social, pues uno no es sólo en este mundo.”