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Diana Manzo, una periodista que camina siempre adelante
Por Paulina Ríos Olivera
14 de noviembre, 2020
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*Su lucha contra los vientos limpios y los contratos sucios empoderan a la reportera indígena; ahora gana premio nacional de periodismo.
Paulina RÍOS

OAXACA, (pagina3.mx).- Hace 29 años, Diana Manzo ya sabía que sería periodista, aun cuando apenas cursaba el tercer año de primaria.

Y desde entonces, ha luchado arduamente para convertirse en una buena reportera. Hoy, ha alcanzado uno de sus más grandes sueños.

Este viernes 13 de noviembre, fecha cabalística considerada por algunas culturas como de “mala suerte”, para Diana fue lo contrario.

El Jurado del Premio Nacional de Periodismo 2019 decidió otorgar por primera vez en 19 años una Mención Honorífica y fue a la oaxaqueña Diana Manzo.

Momentos de tribulación

La tarde de este viernes era un poco caótica para Diana.

Tenía presente que se daría a conocer a quienes obtendrían el Premio Nacional de Periodismo 2019 y quería estar atenta a la transmisión.

Sin embargo, se encontraba en su natal Unión Hidalgo, municipio del Istmo de Tehuantepec, y viajaba hacia Juchitán de Zaragoza cuando era la hora.

Durante el trayecto no pudo conectarse a Facebook pues la señal digital en esa zona es pésima; además, se le acababa la batería del celular.

No pudo hacer más que esperar sin señal ni batería durante poco más de media hora de viaje.

 Al llegar a su casa en Juchitán lo primero que hizo fue conectar su celular a la energía eléctrica.

Y mientras su cel se cargaba, se ocupó de su familia y de sus pensamientos, olvidando un poco el anuncio nacional.

“Además, como desde las tres de la tarde andaba achicopalada (muy triste), y pensaba: 

“¿Qué voy a hacer, con mis hijos, mi marido?, los dejo mucho tiempo. Encima, me cuentan chismes… y no sé a veces qué hacer”, comenta.

Para Diana, todas las personas deben visibilizarse.

De la tristeza a la felicidad

Pasa un poco más de tiempo y al tener nuevamente en funcionamiento su móvil se da cuenta que tiene muchos mensajes de felicitación.

¿Qué es esto?, se autopregunta sorprendida, dejando atrás sus tribulaciones cuando se da cuenta de la magnitud de la noticia.

“Todos viendo el premio y yo ni en cuenta”, comenta.

Al saberse ganadora del premio lanza un fuerte grito de alegría asustando a su familia que no sabía la gran nueva, relata orgullosamente su esposo.

“Imagínate. Estamos muy felices por Diana, toda la familia, super contentos”, me manifiesta Jacciel Morales, fotógrafo y esposo de Diana, antes de hablar con ella.

-¿Cómo te sientes?, pregunto a Diana.

Muy contenta, me da mucha alegría. Es un premio que se necesitaba para hacer más visible el trabajo de las comunidades. 

Este premio va por las comunidades, por nuestras tierras. Es necesario voltear los ojos a las tierras, es preciso hacer visibles a las comunidades.

También lo dedico a a mi familia; pero en sí, a ellas, a las comunidades y a las y los periodistas y defensores que luchan, que salen.

A quienes han sido asesinados, dice emocionada sin olvidar a quienes han dejado la vida por sus luchas, como un homenaje. 

“Este premio va por las y los periodistas asesinados, por las comunidades que defienden sus territorios y para defensores de derechos humanos que han matado.”

Energía limpia, contratos sucios, es el trabajo con el que obtuvo la Mención Honorífica en el Premio Nacional de Periodismo 2019. 

Fue en la categoría de Cobertura multi formato / Periodismo de Investigación. Y destacó entre los 1290 trabajos de todo el país que concursaron.

Diana Manzo y Roselia Chaca, en la tierra de los vientos.
Trabajo de largo aliento

Para lograr el producto final de la investigación periodística, Diana trabajó con una beca prácticamente todo un año, de la mano de la organización Connectas.

“No dormí cuando se iba a lanzar pensando ¿qué van a decir?, ¿qué reacciones iba a tener?, porque se plantean muchas cosas, se exhiben contratos.

“Si un trabajo corto, sencillo, puede generar riesgo, un reportaje mucho más. 

“Ya ves que recién mataron a un compañero en Guanajuato, solo por una transmisión en vivo”.

Fueron ocho meses de intenso trabajo, varias veces tuve que viajar para hacer videos y entrevistas, largos viajes hasta de casi 12 horas, narra ahora.

Es un trabajo que no le gustó a las empresas eólicas, porque ventilamos cifras, contratos, cómo Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto beneficiaron solo a las empresas.

Pero es un trabajo que le da voz a esas comunidades que han dicho: no queremos a las eólicas en nuestras tierras.

Fueron 8 meses de trabajo intenso, un trabajo de largo aliento, de talacha, de ir y venir de La Ventosa a Juchitán, entrevistas en diversos puntos.

De viajes a la Ciudad de México (y desde Unión Hidalgo son más de 12 horas de trayecto, solo para llegar).

Solicitar datos, informes, comprobar los hechos. Horas de sentarse a trabajar, borrar, volver a escribir, recuerda la reportera zapoteca.

Hubo aliados que me apoyaron.

Es un aprendizaje continuo, de aprender a ser más intuitiva; seguimos aprendiendo, señala con humildad.

Energías limpias, contratos sucios fue un trabajo colaborativo, de muchas personas, por eso les agradezco a quienes caminaron conmigo.

A Lilia Saúl que estuvo conmigo muchísimas horas, a Jashua Razo, quien hizo el trabajo de multimedia en Connectas. 

Es un trabajo de todos y todas, lleva mi nombre, pero hay mucha gente a mi alrededor.

De quienes me dieron las fuerzas, el ánimo; de quienes me decían órale, órale, métele, tú puedes, comenta al reiterar su agradecimiento.

El trabajo es un parteaguas importante, porque el Presidente (Andrés Manuel López Obrador) lo retomó.

No sé si fue casualidad, pero dijo que las eólicas son empresas que hacen contratos sucios y replantea lo que se hizo, manifiesta con orgullo.

Yo creo que Oaxaca merece más y más premios porque hay buenos periodistas.

Solo que ahora necesitamos hacerlo en colaboración, dejar las exclusivas; la colectividad ayuda mucho para dar el revés a las cosas, sostiene convencida.

Dobles, triples y más jornadas

Siempre atenta y a la escucha.

A la par de esa investigación periodística de largo aliento, nunca dejó de realizar el trabajo de la talacha diaria.

Además de colaborar en pagina3.mx, Diana envía su trabajo a La Jornada, Aristegui Noticias y Pie de Página. 

Fundó istmopress.com.mx, incursionó en la academia y se ha dado tiempo para estudiar temas ajenos al periodismo.

Energía Limpia, contratos sucios es un trabajo que realizó casi en silencio, y por si esa labor no fuera suficiente, tampoco dejó de estudiar y prepararse.

En su trayectoria periodística de 15 años, Diana ha obtenido varios premios por sus trabajos, lo que le ha valido comentarios negativos.

Tú ni reporteas y ganas muchos premios, solo estás sentadita con tu compu, solo te vas a tus cursitos, le han llegado a decir.

“Pero no saben que hay que prepararse, estudiar, aprender.

“Me ven en las velas (tradicionales fiestas del Istmo), pero no saben que me desvelo, que trabajo en la madrugada para entregar mi trabajo.

También se divierte.

Aprovecho cualquier momentito para hacer mis notas, para estudiar, para aprender, hasta de ortografía; el aprendizaje es día a día, comparte Diana.

Y encima de toda esa preparación, no deja de hacer dobles, triples y hasta cuádruples jornadas, y para relajarse, realiza ejercicio casi todos los días.

Le gusta caminar, correr y andar en bicicleta para mantener su esbelta figura, y para tranquilizarse.

Como lo hizo la tarde de ayer viernes, luego de saber de la distinción nacional que le fue otorgada.

“Agarré mi bici y me fui a dar unas vueltas para relajarme, porque fue mucha emoción”, narra entre risas entrecortadas pero con voz emocionada.

Además de atender a su familia, su hogar y sus amistades, ayuda a toda persona que lo requiere, especialmente a mujeres emprendedoras.

Las apoya no solo difundiendo su trabajo, también se ofrece a vender sus productos sin pedir nada a cambio, solo para impulsar la economía local. 

Entre otros productos, ha vendido huaraches, ropa y cubrebocas, todo elaborado en forma artesanal en las comunidades que visita.

¿Costo familiar?

Para cumplir con su anhelo de ser periodista desde que iba en tercer año de primaria, Diana ha tenido no solo que esforzarse en el estudio.

También ha tenido que sacrificar tiempo para su familia.

“Sacrifiqué demasiado, pero eso ha sido siempre, no sé si algún día mis hijos me lo van a cobrar y me dirán:

“¿Te acuerdas cuando nos dejaste? ¡Ahora quédate sola!”, pues en reiteradas ocasiones les ha tenido que dejar con su madre mientras trabaja. 

Me quedaba de noche trabajando, donde me cayera el espacio estaba sacando el trabajo, aprovechando cualquier minuto.

Diana Manzo es ejemplo del arduo trabajo que representa el periodismo.

Muchas de las veces aún no concluye un proyecto cuando ya tiene uno o dos más en mente, pero sus trabajos muestran siempre su sensibilidad y empatía social. 

Cuando inicio algo, tengo que terminarlo, no me gusta dejar trabajos a medias, manifiesta la reportera zapoteca.

Orgullosa de sus raíces indígenas, adelanta que prepara dos proyectos, uno sobre la defensa del territorio.

“Ya estoy trabajando para lo que viene, estoy trabajando en dos propuestas, pese a las circunstancias y la violencia.

“Tenemos que decir: alto a la impunidad y a la violencia contra periodistas y la gente que defiende el territorio”, adelanta sobre sus próximos trabajos, pero pensando en otros más.

Así es esa esa delgada mujer istmeña de 37 años, orgullosa de su piel morena y linaje indígena, madre, hermana, sobrina, amiga, esposa, confidente, pero sobre todo, periodista.

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