Como ha venido haciendo desde que asumió el gobierno de Estados Unidos, Barack Obama prorrogó por un año la Ley de Comercio con el Enemigo, documento que sustenta jurídicamente el bloqueo sostenido por esta potencia contra Cuba desde octubre de 1960.
Sin embargo, la ratificación de la medida permite al presidente estadunidense introducir pequeños cambios y flexibilizar las restricciones impuestas a la isla.
Pero este contexto de limitaciones políticas a la gestión del presidente demócrata no justifica la permanencia del bloqueo, pues en las actuales circunstancias éste ha quedado ya como una contradicción institucional: resulta una contradicción grotesca, en efecto, basar en una Ley de Comercio con el Enemigo el intercambio con una nación con la que Washington ha restablecido plenas relaciones diplomáticas.
Por otra parte, es necesario tener presente que el fin del bloqueo no depende únicamente de decisiones ejecutivas, pues la derogación del complejo entramado de leyes que lo sustentan requiere la aprobación del Congreso, controlado desde hace varios años por el Partido Republicano.
La prolongación del embargo comercial y económico contradice la política de normalización de las relaciones impulsada por Obama desde el inicio de su gobierno, y podría ser vista como un tropiezo en el proceso de acercamiento anunciado en diciembre de 2014.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2015/09/13/opinion/002a1edi
