De acuerdo con informes enviados por la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) al Banco de México, en enero pasado se registró una fuga de capitales que ascendió a 6 mil 173.5 millones de dólares, hasta entonces colocados en acciones de empresas cotizantes en el mercado bursátil nacional.
Por lo contrario, en este caso la perspectiva de un desempeño económico más dinámico en el país vecino se traduce en una salida de capitales, con los consiguientes efectos negativos para México, y ello pone en entredicho las afirmaciones sobre la supuesta solidez de la economía nacional.
El dato representa una caída de 4.6 por ciento respecto del mes previo, así como un desplome de 29.5 por ciento comparado con el nivel histórico más alto alcanzado por la inversión extranjera en renta viable del mercado mexicano, en agosto de 2014.
A decir de los reportes mencionados, la salida de recursos que habían estado invertidos en la BMV coincide con los periodos de alta volatilidad financiera e incertidumbre por el alza de tasas de interés en Estados Unidos, una medida que ha sido esperada y prevista desde hace varios meses como parte de la normalización de la política monetaria de Washington.
Los datos mencionados confirman el cariz no equitativo de los términos en los que nuestro país se ha insertado en la economía global: en efecto, si la dependencia de México respecto de los ciclos económicos estadunidenses lo condiciona negativamente cuando el vecino país enfrenta coyunturas adversas, no necesariamente se observa el fenómeno opuesto cuando Estados Unidos se encuentra en procesos de normalización y recuperación financiera, como ocurre en la actualidad.
Fuente: http://www.jornada.unam.mx/2016/02/11/opinion/002a1edi
